Cada día, en vez de subir, desciendo
cada noche, en vez de dormir, sueño
y ese sueño al que llamo 'no dormir'
es el de la vida que me quiere atenta
(y si es posible sonriente a todas horas)
Esa vida no soporta deslices, imperfecciones, humanidades.
¡Pues qué incoherencia es la vida, "humanidades"! ¿O seré yo la incoherente?
La vida me pincha, me exprime,
me prueba, me arrastra,
me agita, me exige
y con cada pulsión me sacude,
despierto y camino, a veces arrastrándome,
(otras de cabeza y con las manos de otro)
Esa vida,
que me lleva hacia abajo cuando quiere,
no me da explicaciones, ni siquiera excusas,
y mientras caigo no llego a preguntar por qué,
simplemente porque no se qué preguntar,
me quedo silente y al final de los finales... entiendo.
Entiendo la caída, entiendo el dolor,
entiendo mis miedos, entiendo el silencio.
Y luego, nuevamente arriba para tomar una bocanada de aire y volver a caer más abajo, para otro dia recuperarme,
y bla, bla, bla.
Sí, entenderlo todo, porque la vida me deja hacerlo, y no por mérito propio.
Entonces el miedo se va, de mis manos nacen arneses
y comienzo a escalar hasta tu refugio,
sé que alli estaré segura,
allí hay agua suficiente para hidratarme,
lavar mis ropas polvorientas y mirarme en el reflejo
para notar lo que he crecido,
aunque haya caído tantas veces (porque el tiempo no se detiene y a pesar de las injurias, seguimos creciendo)